domingo, 15 de septiembre de 2013

LA LIVIANA

Estamos ante uno de los palos menos ejercitados y peor documentados, hasta el punto de que no hay noticia de las livianas en la época netamente preflamenca, esto es, desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XIX.

Es un cante en modo de Mi frigio flamenco, breve, poco aflamencado, austero en su melodía y verso de seguidilla. Estas características y en particular su línea melódica son compartidas por los cantes campesinos, particularmente (aunque no exclusivamente) los del Valle del Guadalquivir, de modo que quizás conformasen junto a las tonás un tronco matriz en el que pervivían melodías antíguas orientales.

Son mencionadas en 1874 por el periodista costumbrista José Navarrete que habla de "livianas y tonadas de Molina". Más adelante en 1881 Demófilo incide en esta relación pues habla indistintamente de toná y liviana, liviana y toná y toná-liviana, y por él y otros autores sabemos que ambas fueron interpretadas durante un tiempo sin guitarra, probablemente en la época en la que la introducción de los melos campesinos coadyuvavan al aflamencamiento de aquellas.

No obstante no ha sobrevivido ningún ejemplo de liviana interpretada sin guitarra y a su letra el folclorista sevillano las relaciona con el polo, la caña y la toná, como cantes que aceptan coplas de cuatro versos.

Al interrogante sobre su denominación el cantaor Pepe el de la Matrona atribuía su origen al "liviano", nombre que lleva el caballo que lidera una recua y que lleva un cencerro abriendo camino. De igual manera la liviana sería un cante de entonación de preparación para otros más complejos; no deja de ser cierto que probablemente sea el palo más fácil de entonar y afinar.



La primera grabación la realizó este cantaor para el profesor García Matos, en una fecha tan tardía como 1947, e incluyéndolo en una serrana, aunque posteriormente en la antología de Hispavox  de 1954 la grabaría aparte. Este asunto supuso motivo de controversia entre cantaores antiguos. Por un lado estaban los que sostenían que fue Silverio el que comenzó la costumbre de empalmar liviana, serrana y siguiriya de cambio como un corpus interpretativo fijo; así debió referírselo Antonio Chacón, admirador y seguidor de Silverio a su discípulo Pepe el de la Matrona.


Sin embargo Fernando el de Triana sostenía que no fue Silverio el primero que acopló la liviana y la serrana y en sus memorias el cantaor Rafael Pareja de Triana, nacido en 1877, menciona por un lado que escuchó a Silverio de niño y por otro que la liviana se conocía como cante aparte de modo que en el caso de que el cantaor de Morón fuese el iniciador de esa costumbre a la hora de interpretarlas, lo haría probablemente al final de su carrera.

La discografía ayuda poco al respecto, primero porque como vimos antes las livianas se empiezan a registrar tarde, y segundo porque  las serranas más antiguas se graban sin liviana, en ocasiones en registros suficientemente largos como para que la duración no fuese una excusa válida, de modo que fuese cual fuese el autor de esa canonización liviana+serrana+siguiriya de cambio, dicha modalidad no fue la única ni necesariamente la preferida por los cantaores de la generación posterior a Silverio.

Basicamente hay dos variantes, ambas modernas, la ya mencionada de Pepe el de la Matrona y la de Fosforito, seguramente inspirada en la anterior o en una fuente común. A partir de los años 50 se registraron otras variantes presuntamente enraizadas en fuentes de origen incierto por lo que resulta más prudente calificarlas como creaciones personales. Con lo dicho en estos últimos párrafos queremos insistir en que más allá de que los orígenes de las fuentes de las que manan estos cantes sean de procedencia campesina o serrana, su conformación flamenca será en todo caso obra de cantaores profesionales.

Está generalmente aceptado entre los investigadores el parentesco entre liviana y seguiriya por más que puedan parecer cantes muy diferentes en ritmo, verso y melodía. Por un lado tendríamos que de un tipo particular de seguidilla emergería la serrana como copla aparte. Por otro tendríamos esas tonadas-livianas afectadas por melos de origen oriental. Al interpretarse con acompañamiento de guitarra, y alargando los tercios, la segunda asumiría el ritmo y la armonía de la primera y a través de los silencios y los acentos en el cante los 4 compases en ritmo ternario podrían generar 2 compases ternarios y 3 binarios, estructura típica de la siguiriya. Incluso tenemos que ese efecto de alargar el tercer verso propio de esta se halla en las livianas más arcaicas:

Camino Cazariche
Venta Brabaero
allí mataron a Bastían Bochoco
cuatro bandoleros

LIVIANA - Pepe el de la Matrona

También de la siguiriya hay fuentes que afirman que en origen se cantaban sin guitarra...

Esta cadena de transformaciones es fundamental para entender de manera general el nacimiento del cante flamenco, pues en ella se reunen cantes y bailes populares entroncados con la tradición musical española como la seguidilla, temas melódicos y variaciones armónicas más propiamente andaluzas como los cantes campesinos y lo más importante de todo, el alargamiento de los tercios como recurso para el lucimiento vocal una vez que el cante adquiere preponderancia sobre el baile. Un fenómeno relativamente similar se produjo en el último cuarto del siglo XX con las sevillanas, otra heredera de la seguidilla, que con la competencia de un mercado en alza generó un sinfín de variedades, muchas de ellas imposibles de ser bailadas por profanos por su lentitud.

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